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viernes, 15.30 h, terraza del Centenari, café con leche descafeinado de sobre (con la leche hirviendo); maravilloso sol de primavera
leo en la vanguardia dos cosas que me llaman la atención... la primera es de Rojas Marcos (el psiquiatra, no el político): “habla con las paredes”, nos dice... o sea, habla con quien o con lo que sea (una amiga, tu socio, tu gato, qué mas da)... hablar te permite “objetivar verbalmente las emociones, empaquetarlas en palabras, sacarlas de ti, alejarlas”... hablar te ayuda a enfrentarte a la realidad, por atroz que sea
... suena bien... de hecho, uno llega a la conclusión de que este blog no deja de ser eso, una necesidad de hablar, de concretar lo que uno piensa de este buen oficio, un diálogo sin interlocutor que hartaría a mis amigos de supino aburrimiento (por lo cual aún sorprende más el número de visitas que refleja el contador ¿ein?).
segunda cosa remarcable de la vanguardia: Bassat, el publicista ex-presidenciable del barcelonismo, que por cierto, se embuchacó un buen fajo de gallifantes del colgeocat a cuenta de no sé qué servicios, cuya utilidad más que discutible es manifiestamente nula (y si hubiera sido útil ¿porqué rescindirle el contrato? ¿acaso no hay mejor momento para invertir en marketing que en plena crisis?, y si no ha sido útil ¿quién ha entonado el mea culpa por los gallifantes dilapidados?)... como digo, Bassat nos dice “el cambio es irreversible”, refiriéndose a que una vez el consumidor pone el precio por delante de todas las razones para elegir, es imposible modificar esa tendencia: "No es cuestión de crisis, cuando se da este paso ya no se vuelve atrás", tendencia que visto lo visto, es la que se ha impuesto
don Lluís (Bassat): qué sabio es Usted (por mucho que me esfuerzo no sé como enfatizar la frase con la suficiente ironía...) o como poco, casi tan sabio como mi abuela: ella vivió una posguerra de hambruna (como tantas abuelas), y sabía que lo importante no era que el puchero tuviera tres estrellas michelin, si no que llenara... y si en lugar de garbanzos había que poner borrajas, pues se ponía lo que se podía
y cuando uno ha tomado una vez esa decisión, olvídate de cambiar de ideas... por muy abultada que fuese la paga de jubilación de nuestras abuelas (la de la mía tampoco daba para mucho) jamás se iban de viaje, salvo con el IMSERSO (que era gratis, aunque tampoco fue el caso de mi abuela), jamás se iban a cenar fuera de casa (salvo a las cuchipandas político-sociales del pueblo, donde invitaba el alcalde, donde tampoco aparecía mi abuela), y jamás se sacaron el carné de conducir, y ni mucho menos se compraron un coche (para qué, si mi abuela tenía siempre quien la llevara)... solo los que han (hemos) nacido y crecido en el exceso y la abundancia han (hemos) tenido la oportunidad de pagar por algo más de lo marca el precio mínimo de la cutrez
ahora todos nos damos cuenta de que llevábamos años viviendo de prestado... y ahora hay que pagar la cuenta... así que ahora borrajas tocan... no es de extrañar, pues, que uno lea en foros y blogs cosas tales como “tened cuidado con los geotécnicos: unos cobran el doble que otros” (http://www.construyendounacasa.com/2008/05/11/estudio-geotecnico/)
llevo tiempo diciéndolo en los cafeses que comparto con los colegas: los que tienen la razón son “ellos”, los del “todo a cien”, los del estudio “low cost”, como los ha bautizado Albert Ventayol, con cierto deje de inmerecido glamour que recuerda a una compañía aérea... la cuestión no es si pensamos así o no... la pregunta es cuanto vamos a tardar en darles la razón
y ahora estaréis pensando en todo aquello del “valor añadido”, de la garantía que da la calidad, del servicio que solo puede ofrecer la experiencia bien entendida, y en que los conocimientos y la formación no pueden pagarse con sueldo de mileurista
pues sí... eso marca la diferencia, pero solo si estáis en igualdad de precio... porque mi abuela se haría la sopa de borrajas, y de la frutería se llevaría manzanas en vez de kiwis... pero llegó casi a los ciento un años con la dignidad intacta y sin caer nunca en el desánimo
tal vez ahí está la diferencia... llegado un punto no es cuestión de precio... es cuestión de dignidad; algo que al señor Bassat tal vez no haya podido encontrar en los manuales de publicista
... Rojas Marcos da dos pistas para poder superar los grandes desastres: tener una buena red de relaciones afectivas y ser a la vez autosuficientes... a lo segundo, los del “low cost” seguro que se bastan y se sobran... lo primero, la verdad es que es lo único con lo que les podemos hacer frente... cuanto menos, viendo su cara de almas en pena en las cenas de navidad y demás festejos
porque, seremos pobres, pero... ¿y lo bien que nos lo pasamos?
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